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El árbitro paga con la misma moneda (Levante-Emv)

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Una pugna entre Albelda, Raúl Albiol y Arizmendi, después de un rechace de Butelle, acabó con el balón en los once metros primero, y en la red valencianista después del lanzamiento de Víctor. Previamente, la acción venía precedida de una falta que no existió. El árbitro pagó al Valencia con la misma moneda.



El gol del Deportivo, unido al hecho de que el Valencia jugaba con un hombre menos y que no le quedaba mucho tiempo para la reacción, sentenciaba más que complicaba la eliminatoria. El Valencia debía marcar dos goles y, aunque nada se le puede reprochar ni a Quique ni al equipo su actitud, entraron en el campo Kluivert y Aimar para intentar una remontada épica, todo parecía decidido.

Hasta el momento del inexistente penalti, el Valencia apenas acusó el hecho de jugar con un hombre menos. Porque Quique leyó bien el partido y cerró filas atrás, con dos líneas de cuatro bien juntas, y buscó en ataque lanzar a Villa para aprovechar su velocidad. La movilidad del delantero, unida a las incorporaciones de jugadores físicos como Angulo -al que Quique metió muy arriba, junto a Villa, y dio campo por delante a Miguel- o llegadores como Baraja en segunda oleada, podrían ser las principales opciones ofensivas.

El Deportivo, por su parte, quería aprovechar su superioridad numérica desde el medio campo. En esa parcela, en la que podía jugar un cinco contra cuatro, era desde donde podía comenzar a lanzar su ofensiva. Para ello, Caparrós mantuvo la línea de cuatro en defensa, abrió mucho las bandas en el medio con Víctor y Munitis para apostar por dos puntas como Senel y Arizmendi en el ataque. Sin embargo, con De Guzmán muy poco participativo y la delantera desaparecida, el equipo gallego nunca supo atacar la defensa valencianista.


Igualdad en el juego


Si un aficionado hubiera entrado al campo -en el caso de que lo dejaran, porque el partido era a puerta cerrada- en el primer cuarto de hora de la reanudación, no hubiera sabido cual de los dos equipos estaba con un hombre más en el campo. Porque había igualdad en el juego, los dos conjuntos se tuteaban, y el resultado era bastante incierto. Aunque apenas se vieron ocasiones claras de gol en ambas porterías, daba la sensación de que cualquiera podía desnivelar el choque.

Quizá en el mejor momento del conjunto de Mestalla, cuando se descargaba de la incertidumbre de estar en inferioridad numérica y se animaba a adelantarse para tratar de poner en aprietos la portería de Molina, llegó la jugada del penalti. El derribo a Arizmendi, que no fue otra cosa que una pugna entre Albelda y Raúl Albiol con el punta , que cayó al suelo tratando de llegar a rematar a portería, acabó en el punto fatídico.


Caparrós acumula defensas


Tras el gol de Víctor, el panorama cambió por completo. El Valencia se lanzó en una tremenda ofensiva sobre la portería de Molina, con hasta cinco delanteros en el campo tras la entrada de Kluivert y Aimar, mientras que Caparrós optó por ir dando entradas escalonadamente a defensas y más defensas. El técnico del conjunto gallego metió hasta ocho jugadores de contención tras la aparición en escena de Héctor y César.

En una lección de valentía futbolística, porque el Deportivo disfrutaba de un hombre más, el equipo de Caparrós se colgó de su portería. Lo de ayer, un empate que reflejó el electrónico de Mestalla, fue una clasificación para las semifinales de Copa del Rey sin grandeza. Con un pírrico empate, cicatero, y muchos minutos perdidos en los despachos. La frase que mejor define lo que ayer se vio en Mestalla la dijo Albelda tras el partido: «Esto es una farsa».
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