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Regueiro asume un papel principal (Levante-Emv)

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Regueiro asume un papel principal (Levante-Emv)

El Valencia, un equipo en el sentido literal del término, cuenta con una plantilla de tanta calidad que su potencial apenas se resiente cuando en su once no aparecen futbolistas de la talla de Vicente, por ejemplo. Ayer se evidenció ante la Real en Anoeta cuando Regueiro, un jugador que llegaba a Mestalla con la etiqueta de suplente, se bastó para darle la vuelta con sus dos goles a un partido que se había puesto muy cuesta arriba tras el tempranero tanto de Skoubo a los doce segundos de su inicio. Los dos tantos de Regueiro, sin duda el mejor del encuentro, permiten al Valencia mantenerse en la segunda plaza de la Liga, y continuar con su persecución al Barça. El fútbol no permite la más mínima relajación. Incluso cuando apenas no se ha cumplido un minuto de partido puede acontecer una de esas jugadas que marcan el desarrollo del encuentro. Eso es lo que ayer sucedió en Anoeta porque, a los doce segundos de que el árbitro pitara el inicio del choque, Skoubo ya había enviado el balón a la red de Cañizares. El Valencia salió entre relajado y fresquito al campo, y no llegó a tocar el balón antes de que el esférico acabara en su portería. Un lanzamiento en profundidad de Rekarte, Díaz de Cerío que peina hacia atrás, y el danés Skoubo que controla el balón y marca de fuerte disparo cruzado. El Valencia se vio con el uno a cero en contra ante la perplejidad de todo el equipo. Si ya de inicio se esperaba que el partido lo tuviera que ganar el once de Quique por una sencilla razón de superioridad, porque es mucho mejor equipo y debía marcar el ritmo del juego desde su inicio, estos parámetros se multiplicaron tras el gol de la Real. Porque, la primera mitad no fue sino un monólogo de fútbol valencianista ante un rival que no tuvo reparo en meterse en su área para dedicarse únicamente a defender la inesperada ventaja inicial. El Valencia llevó todo el peso del juego, su dominio fue absoluto, pero le faltó marcar. Además de ese gol que no llegaba, al equipo quizás le faltaba algo de profundidad porque, aunque controlaba como y cuando quería, tampoco disfrutó de ocasiones claras para igualar el choque salvo en un centro de Rufete que se fue al palo de casualidad y una acción invalidada por el árbitro por fuera de juego. El resto, dominio estéril. En defensa, el Valencia no daba la más mínima oportunidad a la Real ni siquiera al contragolpe. El esporádico y primitivo fútbol donostiarra estaba basado en balones largos hacia el danés Skoubo o aprovechar alguna imprecisión en el pase para tratar de salir por las bandas. Pero, salvo en la jugada inicial, la retaguardia valencianista evidenció su solidez. En ataque, el juego fue más o menos organizado. Baraja estructuró el fútbol del colectivo y se llegó al área de Riesgo con muchos jugadores y por varias zonas del campo. Es más, durante la mayor parte del tiempo se jugó en campo de la Real. Sin embargo, como comentábamos anteriormente, faltaba algo de pegada entre el último pase y el remate. Aún así, y pese a que al descanso se llegó con ventaja de la Real en el marcador y con muy pocas ocasiones de gol por parte de los valencianistas, había cierta tranquilidad en el equipo de Quique. Porque el partido estaba completamente dominado y en el grupo había confianza de que el gol tenía que llegar. Ya había sucedido en anteriores encuentros y, por lo que se veía ayer, se estaba seguro de que Villa aprovecharía alguna de las opciones, Aimar desequilibraría con un golpe de cintura o en uno de sus acelerones tipo «slalon» hacia el marco rival, o habría algún certero remate en una acción a balón parado. El cambio táctico de Quique A eso se aferró el Valencia desde el inicio del segundo tiempo. El objetivo era mantener la solvencia en la defensa, aumentado el nivel de atención para que no sucediera lo ocurrido en la primera jugada del partido, y mantener la misma línea regular de fútbol que se había visto en el primer tiempo, con esa velocidad de crucero bastaba, para igualar el choque al aprovechar esa ocasión que seguro llegaría. Y aunque en los primeros compases del segundo período la Real tomó aire en el partido, porque salió de su cueva y se estiró un poco para tratar de llegar con peligro al área de Cañizares, el equipo donostiarra no se sacudió todo el dominio del Valencia de encima. El conjunto de Quique era superior y, con poco que hiciera, era capaz de volver a darle un golpe de timón al partido. Eso lo logró Quique con su cambio táctico. Y enseguida se plasmó cuando en una rápida jugada de Regueiro por la banda izquierda, el Valencia marcó ese gol que tanto buscaba. El uruguayo envió un envenenado centro al área, que se convirtió en disparo a portería después de que el balón realizara un giro extraño en el aire y se colara por la escuadra del meta Riesgo que se quedó a media salida esperando el centro. El empate a uno abrió tanto el partido que el equipo que estuviera más acertado en el último remate se llevaría los tres puntos. Y ese sería el Valencia. La calidad de su once se iba a imponer después de que otra vez Regueiro, convertido en el gran protagonista, se beneficiara de un error de Larrea para lanzarse en un vertiginoso «sprint» hacia la portería de Riesgo, al que batió tras regatearlo, y condujera a su equipo hacia la victoria final.
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