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El riesgo obtiene premio (Las Provincias)

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El riesgo obtiene premio (Las Provincias)

Tres nuevos puntos para que la emoción no decaiga. Viva el fútbol. El Valencia ganó en Anoeta un partido que se le puso muy complicado por su propio conformismo y tuvo que echar el resto en un segundo tiempo en el que corrió riesgos, pero así es como se cimentan los campeones. Los de Quique siguen al acecho del Barça y con todo a favor, aunque hay que aprender la lección de ayer. El partido comenzó, para la Real Sociedad, de la manera soñada por cualquiera. Para el Valencia, todo lo contrario, como jamás se desea. Y es que se inició, casi desde el vestuario, con el 1-0, tras el hachazo de Skoubo en la primera acción del encuentro. Y pudo ser peor, porque a los siete minutos Cañizares a punto estuvo de encajar el segundo gol. Otro duro disparo, esta vez de Novo, se le escapó por debajo del cuerpo, con la buena fortuna de que salió por la línea de fondo junto al poste izquierdo. Fueron los momentos en que peor lo pasó el equipo de Quique, que anduvo tocado y necesitó que transcurriera un periodo de tiempo para rehacerse del mazazo sufrido. No fue mucho, apenas una docena de minutos, justo hasta que Rufete envió un centro-chut al poste, que ayudó a despertar a los suyos. La reacción, sin embargo, fue lenta. Tal vez en exceso. Faltaba meter la quinta marcha para llegar con mayor decisión y peligro a los dominios de Riesgo. La Real había cedido metros para buscar las contras y se sentía cómoda defendiendo. No pasaba excesivos apuros. Baraja se cansó de abrir el juego a las bandas con algunos errores en la entrega y de conectar con Aimar que, en segunda instancia, era quien buscaba a sus compañeros más ofensivos. Rufete y Regueiro aparecieron de manera intermitente, con el uruguayo mucho más perdido y apático. No entró nunca en el partido. Total, que Villa no estuvo bien asistido y tampoco se le vio. Bien es cierto que tampoco la suerte estuvo de cara, ni en el mencionado remate de Rufete al poste ni más tarde en un disparo de David Navarro, en buena posición, pero el balón rebotó en un zaguero local y la jugada acabó en córner. A por todas Tras el descanso, muy pronto Quique se jugó el todo por el todo. Retiró a Rufete para dar entrada a Fabio Aurelio y montó otro esquema. Tres centrales (Albiol, Navarro y Moretti), cuatro en medio campo (Miguel, Albelda, Baraja y Fabio), por delante Aimar y dos puntas claras (Villa y Regueiro). El Valencia fue otro. Más vivo y ofensivo, se decidió a ir en busca de la portería realista. Asumía mayores riesgos, es cierto, pero había que hacerlo porque la derrota mínima que reflejaba el marcador no servía para nada. Y tanto Barcelona como Real Madrid habían ganado sus partidos un día antes. Y como lo buscó, encontró premio. Tal vez de la manera que menos se esperaba y a cargo del futbolista más insospechado, porque Regueiro no estuvo bien. Pero una internada suya por la banda izquierda la culminó con un centro-chut que se comió el portero de la Real y el balón llegó a la red. El uruguayo no se conformó con eso. Destapó el tarro y marcó el segundo, que daba la victoria en esos instantes, aprovechándose del regalo que le hizo Larrea sirviéndole el balón. El valencianista, no obstante, demostró su sangre fría y calidad al driblar perfecto al meta blanquiazul. Pero el triunfo se cimentó también minutos antes de ese segundo tanto, por medio otra vez de Cañizares. Tuvo una espléndida intervención a disparo, cómo no, de Skoubo, enviando el balón a córner e impidiendo el que entonces hubiera sido el 2-1. La noche, aunque “de perros”, acabó con buen sabor para un Valencia al que los tres puntos sumados le saben a gloria y le permiten seguir aspirando a todo.
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