Avisar de contenido inadecuado

Un silencio de los clásicos (Levante-Emv)

{
}

Un silencio de los clásicos (Levante-Emv)

Hizo bien Joaquín Caparrós en desconfiar en las horas previas al partido del respeto que produce la mirada al hercúleo cemento desnudo de Mestalla. Las remodelaciones caóticas que ha padecido a lo largo de su octogenaria existencia han otorgado al viejo estadio una apariencia tan fea como vertiginosa. Una mareante presión que bien supieron aprovechar la delantera eléctrica, Wilkes, Waldo, Váldez, Kempes, Penev, Mijatovic o Villa para apuntillar a sus rivales.

Los partidos silenciosos rescatan curiosidades que se escapan en los domingos de ruido, como los gritos de los porteros para colocar la barrera, o las indicaciones calculadas (Quique) y las arengas testosterónicas (Caparrós) que salían de los banquillos. Huérfanos del aroma a caliqueño, del «hay bombón helado» y del lamento «bròfec» de la numerada descubierta, el silencio de anoche en Mestalla tenía algo de «omertà» siciliana, de calma impuesta.

Un tenso suspense propio de Hitchkock, en línea paralela con la igualada eliminatoria entre blanquinegros y blanquiazules. Para añadirle más intriga al film, anoche en Mestalla hubo espectadores que no faltaron a su cita, como Pablo Muga, uno de los protagonistas del libro de cuentos «El crimen del Pasaje Sogueros», escrito por unas manos anónimas en 1932. En uno de los relatos, Muga, una vez muerto, se paseaba por las gradas desiertas del estadio de Mestalla. Este valencianista fantasmagórico fue rescatado del olvido en 1994, cuando el fundador de la peña Gol Gran lo vio asomando la cabeza por un vomitorio, porque parece ser que no podía resistirse a ver el final de un encuentro.

Los jugadores tampoco tuvieron que inventarse motivaciones. Los gritos de los aficionados desde la Avenida de Suecia llegaban nítidamente al sistema nervioso de los blanquinegros. El aliciente visual estaba en la Grada de la Mar. Los peñistas recurrieron a los clásicos: «Mai caminareu sols», la mejor de las citas épicas tomada prestada del «You'll never walk alone» de Anfield Road. Una frase, una verdad vital, con la que el Liverpool ha firmado grandes remontadas y a la que anoche se acogió el Valencia para tener fe y tratar de superar la inferioridad numérica y la resistencia deportivista.

Al perdedor del «thriller» le quedó el consuelo de la máxima con la que el viejo Clint sienta cátedra en «Million Dollar Baby»: «Nena, ser valiente no es suficiente». Sólo en ese momento se hizo el silencio en una eliminatoria de cuartos de final que, con independencia de su desenlace, resultó ser una canción triste.
{
}
{
}

Deja tu comentario Un silencio de los clásicos (Levante-Emv)

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre